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| Vitex agnus-castus.J. botánico Jamchen |
SECTOR DEL JARDÍN: Autóctonos y pequeña laurisilva
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| Vitex agnus-castus.J. botánico Jamchen |
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| Cersis siliquastrum. J. botánico Jamchen |
El género Diospyros aparece en el sur de China, el oeste de Norteamérica y Europa, en el Eoceno superior, desde entonces, configuró uno de los elementos más diversos que existieron dentro de los ambientes tropicales y subtropicales, a excepción de los Quercus, que los superaron.
En unos principios, los Diospyros fueron de hoja perenne, pero se adaptaron muy bien a zonas más templadas y se conformaron también caducifolios.
En Europa el género se perdió con los enfriamientos sucesivos, sin embargo, en Asia se ha conservado silvestre hasta la actualidad. El humano comenzó a cultivarlo a partir del siglo VIII en China y Japón y, durante el siglo XIX llega de nuevo a Europa.
Desde el punto de vista del cultivo, una de las especies silvestres más importantes del género es el Diospyros lotus, ya que suele ser el porta injertos habitual del kaki, de nombre común caqui o palosanto. Lo de palosanto seguramente le viene por ser de la familia de las Ebenáceas, de donde se saca la madera de ébano. En cualquier caso, comúnmente se le llama palosanto a muchas otras especies, tales como el Rhamnus alternus, muy habitual en estas zonas, o el Acer monspessulanum o el Amelanchier ovalis, etc.
El kaki es una fruta excepcional, muy dulce y deliciosa que posee numerosas virtudes nutricionales. Habitualmente, de los caquis que hemos conocido desde siempre en España, que solían ser de la variedad brillante, se comen muy maduras, ya que es bastante astringente cuando está la fruta aún dura, sin embargo, encontramos algunas otras variedades no astringentes, recién llegadas, que se pueden consumir peladas, como si fuera una manzana. Una de estas variedades es el Caqui Fuyu. En este jardín tenemos dos preciosos ejemplares que ya nos proveen de fruta.
En la zona de la Pequeña Laurisilva contamos con dos ejemplares de la variedad Sharon, que es astringente, pero, con una buena preparación en caja cerrada se maceran con el vapor de un chupito de alcohol y, en unos pocos días, ya se pueden comer duras y dulces.
La causalidad de un caqui brillante que no agarró el injerto, hizo que se desarrollara su porta injertos, le podé la parte seca y lo dejé estar. Hoy día tenemos en este jardín un arbolillo de Diospyros lotus maravilloso, el caqui silvestre. Todavía no ha fructificado, pero se desarrolla muy bien y un día, cuando la naturaleza quiera, probaremos los pequeños frutos silvestres que den.
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| Liquidambar styraciflua. J. botánico Jamchen |
A medida que las angiospermas primitivas se iban desplazando hacia el norte desde el Ecuador donde nacieron, allá por el Cretácico inferior, desde hace unos 130 millones de años, una parte de esta flora comenzó a adaptarse a las zonas más frescas. Esta adaptación hizo que la gran mayoría de los árboles de esta flora particular de angiospermas pudiesen mudar sus hojas. Nacen entonces los caducifolios y, con ellos, una hermosa diversidad de géneros. Por la parte de las gimnospermas, estas también se adaptaron a los fríos y la mayoría mantuvieron sus hojas, que fueron, sobre todo, las pertenecientes a las Coniferophytas.
La flora que estamos hablando se llama arctoterciaria, y se estableció dominante en el cinturón septentrional del Hemisferio Norte del planeta durante todo el Terciario. No han dejado de dominar este Hemisferio desde entonces. En tiempos de las glaciaciones, ya en el Cuaternario, se mudaron al sur, y, gracias a eso, podemos hoy en día contar con ellos. Pasados los tiempos de los hielos, una parte de esta flora se mudó de nuevo a los nortes fríos, como fueron los abedules, entre muchos otros, y otra se quedó en el sur, como los nogales, etc.
La diversidad de angiospermas caducifolias arctoterciarias fue muy grande, pero concentrándonos en las más primitivas, tenemos un grupo muy pequeño inicial que todavía conservaban ciertos caracteres de los climas calientes de donde venían. Allá por el Cretácico medio, en el final de la Era Mesozoica, aparecen entonces géneros como el que vamos a hablar hoy, el Liquidambar.
Los registros fósiles más antiguos del género Liquidambar datan de hace 90 millones de años y compartían nacimiento reciente con otros géneros de angiospermas caducifolias arctoterciarias antiguas como los Platanus (100 m.a.), los Juglans (100 m.a.), los Ulmus (100 m.a.), los Cercidiphyllum (100 m.a.), los Podocarpus (100 m.a.) y los Sassafras (100 m.a.), como los más importantes.
Conforme va desarrollándose el Terciario, comienzan a aparecer otros géneros caducifolios significativos, destacándose los más antiguos, como fueron los Carya y los géneros de la familia de las Fagáceas, ambos con registros fósiles de hace 80 millones de años.
El Liquidambar fue uno de esos elementos característicos del bosque subtropical templado-caliente del Terciario que se quedó en la zona sur y media del cinturón arctoterciario. Este bosque se caracterizaba por ser húmedo y caliente con capacidad para aguantar ciertos fríos durante las estaciones de invierno, pero sin llegar a aguantar demasiadas heladas.
Los estudios paleobiogeográficos parecen mostrar que los Liquidámbares vivían en zonas de tierra con alto nivel edáfico típico de zonas pantanosas, lo que le permitía vivir con géneros con los Craigia y los Taxodium, entre otros. Sin embargo, mi experiencia con la especie styraciflua, que es la que viene de América y la que hoy presento, es que soporta muy bien el clima mediterráneo y no tiene necesidad de mantener ese nivel edáfico, siempre y cuando esté en un ambiente de bosque desarrollado y reciba ciertos riegos durante la época estival.
En los tiempos que existía un archipiélago en la zona donde este jardín se encuentra, más allá de los 6 millones de años (en el Mioceno, entre los 11,62 y los 7,24 m.a.) y antes de la formación del Mediterráneo, el género Liquidambar se encontraba muy presente. Viendo cómo los dos liquidámbares que existen en este jardín se desarrollan, me gusta evocar la idea de que estas tierras aún conservan presente su propia memoria histórica.
El Liquidambar styraciflua es un árbol de una increíble hermosura, sus hojas palmadas que recuerdan a su primo hermano Platanus, en otoño se tornan primero de amarillo dorado y después de un rojo intenso. En América, de donde es natural, como dije, los nativos han usado su resina, con fines medicinales, fundamentalmente, para hacer un bálsamo con un aroma a ámbar gris (de ahí le viene su nombre). Con el bálsamo curaban las afecciones ciáticas, la debilidad nerviosa, las enfermedades de la piel y la hemorroides, aliñaban el tabaco, como desodorizante, etc. Hoy día, este aromático bálsamo, llamado Styrax, es muy usado en perfumería y para hacer mezclas de tabaco.
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| Ginkgo biloba. J. botánico Jamchen |
Pero aún hay más, nuestro alimento primario, no solo viene directamente de las silvestres de flores, sino también de las silvestres sin flores. Antes de que existieran las flores, todos los árboles eran gimnospermas, y éstas, por el misterioso devenir de la Naturaleza, se transformaron en angimnospermas allá por el Cretácico. De las flores vinieron los frutos y, con ellos, los mamíferos primates, entre otros animales, pudieron alimentarse durante millones de años. Gracias a estos frutos, que muy al principio no eran alimentarios, los homínidos posteriores pudieron desarrollarse hasta que bajaron de los árboles. Y nunca dejaron de consumirlos como parte de su dieta.
Con todo ello, podemos afirmar que el origen del alimento humano es la fruta, y el bosque silvestre su hábitat natural. Despreciar al árbol silvestre, gimnosperma o angiosperma, tal y como como hemos visto, es despreciar, también el alimento originario y natural humano.
El principio número 6 de la Agricultura Natural es el bosque Natural de alimentos, que incluye tanto los silvestres como los alimentarios. La conjunción armónica de ambos aspectos hace que el humano, no sólo valore su propio origen, sino su posibilidad de futuro y perpetuación en esta maravillosa tierra. Sin silvestres en nuestros campos, no habrá frutos en el futuro, ya que ellos no tendrían la posibilidad de transformarse en un alimento continuado si no puede convivir con su razón de ser, que son sus ancestros.
Dicho esto, la mejor manera que tenemos para respetar y dignificar a la Naturaleza y armonizarnos con ella es, no solo conservar, promover y extender los bosques forestales, sino también incorporar silvestres en los campos de cultivo de la forma más diversa que sea posible. Todo ello fue prescrito, como dije, en el principio número 6 de la Agricultura Natural y el significado profundo se encuentra, insisto, en la toma de consciencia de que sin silvestres, no hay alimento posible futuro.
Aunque con características muy especiales, junto con las Gnetáceas y otras posibles plantas únicas, el Ginkgo biloba es uno de los árboles de hoja plana más antiguo que existe vivo hoy día, y su reconocimiento puede llevarnos, al origen directo de los árboles angiospermas y frutales. Por ello, rendimos un homenaje especial a esta planta tan valiosa y le daremos un estudio detallado y merecido en una segunda parte de este artículo, pues ella nos llevará directamente al sentido profundo del origen de las angiospermas y, con ello, de nuestro alimento más primigenio.
Como antesala del estudio de la segunda parte, conviene destacar que el Ginkgo biloba se encuentra dentro de las gimnospermas ya que sus semillas son desnudas, es decir, no están encerradas en un fruto maduro, sino que están protegidas por conos o cubierta carnosa de semilla, característica propia de las gimnospermas. Sin embargo, aún siendo planta sin flor y ancestro de esta, tiene otras cualidades especiales e impresionantes, dados los tiempos en los que estamos, que nos llevan, incluso, a considerarla como parte origen también de las propias coníferas. Este primitivismo nos traslada a muchos millones de años atrás, siendo, con ello, aparte de lo que hemos mencionado de las angiospermas, parte ancestral fundamental de toda vida vegetal en general que hoy tenemos la suerte de conocer. Es por eso que se le considera como uno de los más auténticos fósiles vivientes.
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| Chrysanthemun morifolium en flor. J. botánico Jamchen |