sábado, 8 de marzo de 2025

Vinca minor

 
Vinca minor. J. botánico Jamchen
GRUPO B: silvestres medicinales. Arbustos mediterráneos.
SECTOR DEL JARDÍN: Pequeña laurisilva y bancales bajos de cultivo 
La vincapervinca, o también llamada hierba doncella (en latín Vinca minor), es una bellísima planta siempreverde, subarbustiva y enredadera, que forma colonias que pueden llegar a cubrir densamente espacios de cobertura muy expandidas.

Sus delicadas flores de color lila muy claro se mantienen en la planta durante casi prácticamente todo el año desde el mes de marzo, escenificando, junto a verde intenso de sus hojas, un espectacular paisaje dentro del bosque.                                                             
Vinca minor. J. botánico Jamchen
La hierba doncella, que pertenece a la familia de las Apocynáceas -compuesta por árboles, arbustos, hierbas y lianas tropicales y subtropicales-, se adaptó perfectamente a ambientes más xéricos, llegando a ser, hoy día en los sures mediterráneos, una silvestre muy común en los recodos de las cañadas, e incluso en las huertas más sombrías.

El ejemplar que se muestra en las imágenes, no fue plantado por manos humanas, vino por sí mismo en cuanto el asombroso Quercus canariensis, que cubre sus cielos, fue creando masa y sombreando la zona. A pesar de su imponente carácter, deja espacio a otras plantas de cobertura, permitiendo convivencia con arbustos adultos de romeros, también imponentes, y otras más sutiles como las masas de las comestibles collejas, que crecen a los pies del roble. Esta vincapervinca  también está sombreada por un Rhamnus alaternus (aladierno), un Acer pseudoplatanus y un par de Prunus dulcis (almendros), que fueron los árboles madres de este bosque. En las zonas de los bancales antiguos bajos, donde hay cultivados aguacates y nogales pecanos, también la hierba doncella ha encontrado su lugar, y cada año se extiende más.              
Vinca minor bajo un Quercus canariensis. J. botánico Jamchen

Nos encontramos frente a una de las plantas más poderosas medicinalmente. El origen de toda medicina, se encuentra en las plantas y el humano las ha usado para este fin desde el comienzo de su existencia. Tradicionalmente, la infusión de las hojas y flores de la vincapervinca, secadas previamente, se ha utilizado para cortar las hemorragias, tomadas dos tazas al día, también se ha usado su decocción, con la misma administración, dos tazas al día, para retirar la leche de las madres. En Sudamérica, con las flores en infusión ha servido, desde muy antiguo, para hacer gargarismos para beneficiar a las amígdalas. Del mismo modo, en forma de cataplasmas, se ha aplicado externamente para combatir los infartos de miocardio. Debido al gran contenido en alcaloides, sus principios activos son muy numerosos, con lo que sus aplicaciones son muy variadas. Hoy día, se le conocen aplicaciones muy importantes como vasodilatador coronario y cerebral, mejorando la oxigenación y el aporte de sangre al corazón y al cerebro, con lo que se recomienda para personas mayores con problemas de riego cerebral, alteración de memoria, vértigos, insuficiencia coronaria, arterioesclerosis, fragilidad capilar, etc. Es también antidiabético, analgésico, antitumoral,..., las virtudes de esta planta son impresionantes.

Pese a todo lo expresado, es muy relevante saber que la administración de esta planta, debe ser siempre muy responsable, meticulosa, prudente y con un conocimiento avalado por expertos en la materia. Muy importante aplicar siempre pruebas y tomar descansos. Como norma general, se debe conocer que, salvo casos muy especiales como la melisa, no debe tomarse ninguna planta más de 15 días de tratamiento seguidos. Se sabe que sus alcaloides poderosos contienen su parte de contraindicación sobre algunas tipos de enfermedad, como toda planta potente medicinalmente, y puede tener también interacciones con ciertos fármacos, con lo que no es recomendable usarlo sin un buen conocimiento y, sobre todo, no combinarlos nunca con ellos. Los fármacos artificiales contienen muchas contraindicaciones y pueden actuar negativamente conjuntadas con las plantas de este calibre, que son la verdadera medicina.                           

viernes, 7 de marzo de 2025

Sorbus aria, Sorbus doméstica y Pistacia lentiscus

Sorbus aria. J. Botánico Jamchen
GRUPO B: Frutales silvestres medicinales
SECTOR DEL JARDÍN: Zona de autóctonos 
El género Sorbus pertenece a esa clase de árboles arctoterciarios que se refugiaron en el sur de Europa durante las glaciaciones y que han conseguido llegar a nuestros días. El Sorbus aria, o también llamado comúnmente mostajo, como especie tipo y emblemática del género,  es un árbol frutal silvestre  protegido dentro de la comunidad de Andalucía, ya que necesita de ecosistemas muy especiales con frío y humedad suficientes, con lo que, en estas tierras sureñas, tiene un alto valor ecosistemático.

Las zonas donde podemos encontrarlos con buenas masas forestales, dentro de la Sierra de Tejeda donde nos encontramos, se sitúan dentro del piso supramediterráneo, a partir de los aproximadamente 1.400 o 1.500 metros de altitud, en las caras nortes de las montañas. Convive con especies también muy valiosas como son los rebollos -Quercus pyrenaica-, los espinos albares -Crataegus monogyna-, entre otras plantas de su tipo.

En este jardín botánico, que se encuentra a unos 800 metros de altitud y su cara mirando al sur, contamos con un ejemplar, que, desde hace años, se mantiene casi arbustivo, de momento, ya que le cuesta crecer en altura debido a los rigores veraniegos.  Habrá que esperar un poco más para ver si mejora y el bosque circundante se desarrolla lo suficiente para que le sirva de mayor protección.

La pulpa sin la piel de los frutos maduros del mostajo son comestibles y contienen también buenos valores medicinales, al igual que sus flores en infusión. Son diuréticos, enemagogos y un poco laxantes.                                                                                      

Sorbus domestica y Pistacia lentiscus. J. botánico Jamchen

GRUPO B: Frutales medicinales 

SECTOR DEL JARDÍN: Zona de autóctonos

Dentro del género Sorbus, encontramos una especie llamada Sorbus domestica, o Serbal común, que, aunque tiene su vertiente silvestre en Andalucía oriental, con lo que no es naturalmente propia de esta sierra de Tejeda, es cultivada, desde tiempos antiguos, en muchas zonas del mediterráneo. Normalmente se injerta en patrones de Sorbus torminalis, que son muy resistentes.


Tenemos un ejemplar en este jardín bastante bien acoplado, que acompaña al Sorbus aria anteriormente descrito y conviviendo también al lado de un lentisco, tal como podemos apreciar en la imagen.


Las frutas del Sorbus domestica son llamadas serbas y contienen excelentes propiedades nutricionales y medicinales, gracias a los polifenoles y otras sustancias maravillosas que le dan poderosas virtudes antioxidantes. De entre sus cualidades más valoradas, se encuentra sus altos contenidos en minerales y vitaminas, en concreto la vitamina C, que es una de sus mayores potenciales, superando con creces a las naranjas o incluso al kiwi.


GRUPO C: Silvestres medicinales. Arbustos mediterráneos

SECTOR DEL JARDÍN: Zona de autóctonos
La familia de las Anacardiáceas, rica en componentes resinosos, tiene su origen a finales del Cretácico y se distribuyó ampliamente en las zonas tropicales, subtropicales y templadas del mundo. Contiene diversos géneros, de entre los que se encuentran , entre otros, apreciadas plantas como los mangos -Mangífera indica-, las nueces de merey -Anacardium excelsium-, los zumaques -Rhus coriaria-, el pimentero falso -Schinus mole- y los pistachos silvestres y cultivados, que son especies del género Pistacia como el que vamos a ver hoy, el Pistacia lentiscus.

El lentisco es una planta arbustiva que, desde sus ancestros subtropicales, consiguió adaptarse muy bien a los cambios del Mediterráneo, con lo que, junto con los Quercus, los Juniperus, los Olea, los Philllyrea y los Rhamnus, entre otros, es un miembro más de la maquina xerotermófila, que soportaban, y siguen soportando, hábitats con sequías estivales e inviernos suaves.

Los lentiscos consiguen sobrevivir en climas un poco más frescos y continentales, hay registros polínicos de su presencia en estas zonas ya desde más allá del epipaleolítico, pero, donde le gusta más estar, al contrario que sus primas las cornicabras y los pistachos de fruto, es junto al mar Mediterráneo, donde hay temperaturas más suaves.

Se dice que las hojas del lentisto se usaban en remojo con agua para tomar antes de las comidas para abrir el apetito, y con su infusión era un buen tratamiento astringente, para parar cortar las diarreas, así como para el dolor de muelas, usadas como enjuague tanto hojas como flores en infusión.También se decía que las hojas machacadas, mezcladas con vino y bebidas era un excelente remedio con otra la mordedura de serpientes y otros animales. En la muy antigua Grecia, con la almáciga de su resina, se consumían como chicles, previniendo y curando las enfermedades de los dientes y encías.
El fruto no es comestible para los humanos , pero para los pájaros es muy apetitoso, con lo que le da un valor extra importantísimo al ecosistema.

Con todo ello, esta hermosa planta no debería faltar en los bosques naturales de alimentos de las regiones mediterráneas. En la imagen que se muestra, se puede observar un ejemplar ya adulto de Pistacia lentiscus, que convive, entre otras plantas, con el serbal común, mencionado anteriormente, y cipreses leylandis. 

martes, 7 de enero de 2025

Prunus persica var. platycarpa y Teocrium fruticans

 

Prunus persica v. Platycarpa y Teocrium fruticans. J.botánico Jamchen

GRUPO C: Frutales

SECTOR DEL JARDÍN: Zona de bancales antiguos

De la familia de los Prunus alimentarios nos llega el Prunus persica variedad platycarpa, o comúnmente llamado paraguayo. Se trata de un árbol frutal originario de la China que cambió de forma natural de características desde el melocotonero. 


Esta especie, con una fruta más achatada que el melocotón, es una muestra maravillosa de cómo la Naturaleza varía sus condiciones a un libre albedrío, aun con sus causas diversas, sin que el humano tenga que hacer mucho. Dejar a la Madre Natura ser por ella misma, sin forzarla con nuestros diversos intereses, aun nosotros cultivándola y colaborando para nuestro provecho alimentario, permite que Ella pueda mostrar sus fascinantes mutaciones, alegría y gozo para todos nosotros. 


En este jardín existen tres ejemplares de paraguayos repartidos en la zona de los bancales antiguos. En la imagen que se muestra, aparecen dos de ellos, de unos ocho y diez años de edad, durante su tiempo otoñal. Como casi todo el resto de los frutales que se encuentran aquí, nunca fueron abonados, ni podados, ni tratados con ningún tipo de antiplagas. Aunque hubo, en tiempos iniciales, cierta desmejora por adaptación, finalmente, los arbolillos cogieron su lugar y, desde hace unos pocos años, ya fructifican sin problemas. 


El problema que tienen los arboles frutales que provienen de los viveros comerciales es que, debido a un podado excesivo y al uso indiscriminado y feroz de fertilizantes y otros químicos, les cuesta mucho adaptarse a la tierra y al cultivo natural. Pero es posible revertir esa naturaleza artificializada; con un poco de paciencia y sin perderles de vista en su cuidado, terminan por ser capaces de superarlo. Ciertamente su liberación les cuesta pero, una vez traspasados los escollos, son tremendamente felices y te dan la mejor fruta posible. 


Los dos paraguayos de la imagen, cuando fueron plantados (uno, años antes que el otro), aún no tenían un ecosistema adecuado, se encontraban en un rincón un poco difícil. Pero, poco a poco, crecieron más los árboles protectores de los vientos y además, fui acompañándoles de otras diversidades compañeras y hoy, por fin, viven en un entorno adecuado, complementándose con madroños compañeros, entre otras arboledas, y en sus coberturas, con muchas plantas silvestres y otras incorporadas, como los azules ajenjos que hay a sus pies y la planta que también voy a presentar hoy, el Teocrium fruticans.       


GRUPO A: Silvestres

SECTOR DEL JARDÍN: Zona de bancales antiguos

Existen no pocas plantas que se llaman olivillas, por aquello de que sus follajes aparentan la forma o el mismo color que el olivo, pues bien, el Teocrium fruticans es uno de ellos. Se trata de un arbusto autóctono que nos ofrece un semblante verde gris, denso y alborotado, y unas florecitas primaverales de un azul intenso. En la zona donde se encuentra, el azul grisáceo de la olivilla junto al de los ajenjos y los agapantos que se encuentran a su lado, predominan hermosamente y se combinan en otoño con los anaranjados maravillosos de los paraguayos, los verdes intensos de los madroños y los dorados de otros frutales, como el moral blanco que se alza unos metros atrás, o los albaricoques, un poco más lejos. Este periodo otoñal es excepcionalmente bello, pero genera un espectáculo increíble también, en las otras diferentes estaciones del año. 


El Teocrium fruticans pertenece a un género de plantas arbustivas típicas del clima mediterráneo que requieren sol directo. En su ambiente natural, crecen en los claros de nuestros bosques de Quercus de hoja perennifolias, como las encinas y los alcornoques y de pinares. Es un arbusto realmente lindo, muy a tener en cuenta para acompañar nuestras emboscadas de frutales y silvestres diversos. En este jardín, solo existe este ejemplar que se muestra altivo en la imagen y que ya alcanza casi los dos metros de altura y el metro de ancho, pero no dejamos la posibilidad de introducir más olivillas. A su debido tiempo, en el lugar que la naturaleza nos pida.  

domingo, 5 de enero de 2025

Viburnum tinus

 

Viburnum tinus. J. botánico Jamchen

GRUPO A: Silvestres -Laurisilvas-

SECTOR DEL JARDÍN: Pequeña laurisilva y zona de los autóctonos.

Rescatamos lo que ya fue expresado en la publicación relativa al Viburnum lucidum, que nos servirá de introducción para presentar esta especie que es tan conocida por todos, el Durillo :

 

"Durante el terciario, el género Viburnum fue uno de esos componentes destacados de las laurisilvas europeas. 


El nombre común de Durillo le viene porque tienen las hojas coriáceas. Es una característica típica de todas las plantas lauroides, que debían desprenderse de la humedad constante de aquellos bosques. 


Dentro de todas las especies del género, la más conocida y superviviente es el Viburnum tinus, que fue capaz, no solo de adaptarse al sotobosque de los bosques subtropicales caducifolios, sino que también se adaptó a situaciones posteriores más difíciles de  glaciaciones y sequías. Hoy lo podemos encontrar en muchos recodos de nuestra geografía, en las umbrías de las cañadas."

Viburnum tinus. J. botánico Jamchen
De la experiencia que obtenemos de esta planta, siendo perteneciente a aquellas antiguas laurisilvas, de climas cálidos y húmedos, podemos observar una capacidad magnífica de adaptación a medios ambientes mediterráneos que la hacen autóctona. A pesar de que, en la sierra donde está situado este botánico, solo la encontramos refugiada, por su propia naturaleza, en los bordes de los arroyos, se adapta perfectamente, incluso a pleno sol, siempre que le demos unas mínimas condiciones de humedad y ecosistema. 


Sin embargo, si hablamos de bosque ya formado, podemos introducirla sin problemas  dentro de él sin demasiadas trabas. Cubiertos en la semisombra y con un manto natural ya maduro de materia orgánica de las hojas de los árboles que le refugian, el durillo mostrará total lozanía sin que sea necesario riego alguno.

El ejemplar que muestro en esta última imagen tiene entre seis y siete años, se encuentra sombreado por un Quercus canariensis, un Ulmus pumila y dos Quercus suber. Desde que lo planté en este lugar, jamás lo he regado, superando los periodos estivales extremadamente secos y largos. Este suceso también se ha producido en otros tipos de plantas típicamente necesitadas de humedad y que, a buen seguro, les dedicaremos su espacio un día. Es importante recordarles que, en este lugar, hace unos 21 años, sólo había algunos almendros dispersos que hoy todavía viven, felizmente inmersos en este bosque, dando sus almendras todas las temporadas.   


No hace más de unos días, cuando fui a colocar en el suelo el cartel a este ejemplar, me quedé muy sorprendido de la cantidad de turba que esta tierra maneja, casi una cuarta de espesor de carbono puro y otros nutrientes. Verdaderamente impresionante. 

 

No dejamos de insistir en el inconmensurable valor que tiene el bosque silvestre junto a nuestros cultivos.  


En este momento, se encuentran catalogados cinco ejemplares de Viburnum tinus en este jardín natural botánico.    

 



viernes, 13 de diciembre de 2024

Ulmus pumila

 

Ulmus pumila. J.botánico Jamchen
GRUPO A: Silvestres -Arctoterciarios
SECTOR DEL JARDÍN: Pequeña laurisilva, zona Quercus y zona bosque subtropical.

Los Ulmus son uno de esos géneros antiguos pertenecientes a los arctoterciarios, que son aquellos que tuvieron un origen holártico y donde, referidas a las angiospermas, se hicieron caducifolios para poder combatir los fríos de los inviernos que acontecieron con el comienzo del Terciario, dando fin a millones de años de clima tropical generalizado. 

Perteneciente al orden botánico de las Rosales, los miembros de la familia de las Ulmáceas, en unos principios, al igual que el resto de las angiospermas arctoterciarias, vivían en regiones tropicales. Con el tiempo, se desplazaron hacia el norte a regiones más templadas, y fue cuando empezaron a mudar sus hojas. Hoy día, la gran mayoría de esta familia son caducifolias.   

Dentro de esta familia, donde también se encontraban géneros como los Zelkova, el género Ulmus fue, y sigue siendo, un magnífico superviviente, capaz de resistir las glaciaciones (al contrario que los Zelkova, que desaparecieron) y poblar, desde entonces hasta la actualidad, una buena parte de las riberas, arroyos y barrancos de las zonas más meridionales de Europa. 

La especie que hablamos hoy, Ulmus pumila, de nombre común, Olmo de Siberia, es un auténtico poderoso, resiste la grafiosis, una desastrosa  enfermedad que ha atacado a los olmos, y que los ha puesto en grave peligro. Además, de tener un bellísimo porte, el olmo de Siberia aguanta sequías relativas mediterráneas y se reproduce con gran facilidad, generando muchos retoños a su alrededor, allá donde se ha establecido. 
Desde el punto de vista de la Agricultura Natural, es un excelente partidario para combinar con nuestras plantas alimentarias. De los 5 ejemplares catalogados que se mantienen ya adultos en este jardín natural botánico, excepto el que está en la zona de los Quercus, se encuentran todos junto a frutales, ya sean estos nísperos, o almendros, o perales, o limoneros, así como al lado de ciruelos japoneses. Todos ellos fueron trasladados desde su seno materno, nacidos bajo las sombras de un ejemplar maravilloso que ya alcanza los cielos y que se puede contemplar en la primera imagen que anexo en este artículo.       

lunes, 9 de diciembre de 2024

Dicksonia antarctica

 

Dicksonia Antarctica. J. botánico Jamchen
GRUPO B: Silvestres alimentarios -Primeras gimnospermas, bosque subtropical.
SECTOR DEL JARDÍN: Pequeña laurisilva

En plena era Paleozoica, durante un periodo llamado Carbonífero, que comenzó hace 359 millones de años, surgieron grandes bosques de Pteridofitas (helechos) dentro de hábitats tropicales donde vivían los primeros reptiles e insectos voladores. En este mundo remoto, cálido, lluvioso y con tanto oxígeno, todo se formó con grandes tamaños, se desarrollaron libélulas, escorpiones y ciempiés gigantes de 1 metro, y los helechos también compartieron esta cualidad. Estos helechos enormes convivían también con otros vegetales arbóreos primitivos ya desaparecidos, como los Lepidodendron, las Sigillarias y las Medullosas, entre otros. 


Los helechos gigantes permanecieron durante millones de años hasta la mitad de la era Mesozoica, durante el Jurásico, donde terminaron por desaparecer. Sin embargo, han quedado pequeños vestigios de esta primera flora gimnosperma en algunas zonas de Australia. 


Gracias a esta asombrosa adaptación a los enfriamientos y los múltiples cambios sucedidos, hoy tenemos la gran suerte de poder disfrutar en vivo de uno de los vegetales más antiguos que han sobrevivido desde casi los primeros tiempos de la vida vegetal


Uno de estos vestigios es la especie que aquí presento, la Dicksonia Antarctica, o comúnmente llamada, helecho arbóreo de Tasmania. Esta especie, que convivió con los dinosaurios durante el Jurásico, y a pesar de su origen subtropical, se adaptó perfectamente a condiciones de climas más templados, sin fríos excesivos con heladas suaves. Eso sí, necesita de humedad ambiental y vivir en las semisombras. 


Esta maravillosa planta, de una belleza espectacular, ha sido recién incorporada en este jardín, en la zona de la Pequeña laurisilva. Vive ahora bajo las semisombras de un alcornoque y un olmo de Siberia, entre romeros y otras especies de helechos. Ha dado una impresionante luz al lugar, esperemos que pueda aguantar los veranos duros y secos de estas montañas, ya que es especie que también necesita de humedad ambiental.

El helecho arbóreo de Tasmania tiene una cualidad muy interesante en cuanto al bosque Natural de alimentos y es que la médula de la planta es comestible, cruda o cocinada. La naturaleza nunca deja de sorprendernos.

  

     

domingo, 1 de diciembre de 2024

Celtis australis

 

Celtis australis. J. botánico Jamchen

Detalle hojas Celtis australis. J. botanico Jamchen
GRUPO B: Silvestres frutales -Laurófilas mediterráneas
SECTOR DEL JARDÍN: Bancales antiguos bajos, zona autóctonos, Pequeña laurisilva y zona tarima redonda.

En Agricultura Natural denominamos árboles sutiles a aquellos silvestres que, por sus condiciones particulares, tienen la capacidad y el potencial para hermanarse perfectamente con las plantas de alimento, pudiendo ser, incluso, una ayuda para ellos. Suelen ser caducifolios de sombra más o menos leve y raíces no demasiado invasoras. 

Es muy curioso que, siendo el almecino ('almencino' en mi tierra), un árbol de naturaleza sutil, sorprende mucho el increíble tacto de sus hojas, duro en general y áspero como una lija en el haz. Este aspecto de dureza en las hojas, común dentro de las plantas de hojas coriáceas, nos lleva directamente a considerar a esta especie, otra más de las herederas directas de las laurisilvas europeas.  

En unos principios y hasta hace muy poco tiempo, al género Celtis se le consideraba de la familia de las Ulmáceas, sin embargo, recientes estudios filogenéticos han determinado que pertenecen , en realidad a la familia de las Cannabáceas, la misma que el Cannabis y el lúpulo, lo que no hace más que corroborar su procedencia tropical. 

Este género, según los restos más antiguos encontrados, parece que ya existían al principio del Terciario y fue bastante extendido por toda Europa Central, justo en el tiempo que empezaron a formarse las laurisilvas de manera extensiva. 
Con los enfriamientos posteriores, los Celtis se desplazaron al sur, siendo, desde entonces, uno de los componentes autóctonos más importantes de las regiones meridionales europeas. 

Hace poco más de un millón de años, el homo antecessor de la Sierra de Atapuerca, ya comía almecinas con carne, llegando a ser un condimento muy apreciado para ellos. Nos encontramos, por tanto, frente a uno de los alimentos frutales silvestres más antiguos de la humanidad europea. 
Estos frutos deliciosos, aunque con poca pulpa, contienen valiosos nutrientes y azúcares, así como muy buenas propiedades medicinales (astringentes, antidiarréicas y estomacales y en infusión para bajar la tensión arterial).

Esta especie Celtis australis es hoy uno de los componentes vegetales arbóreos caducifolios más importantes de estas sierras sureñas degeneradas donde se encuentra este jardín botánico. Un simple vistazo a los bancales antiguos abandonados entre las cañadas, nos permite observar cómo, en estas zonas de media montaña, se desarrollan espléndidamente formando bosques naturales increíblemente densos, creciendo pies sueltos incluso, en mitad de las solanas viñas. Sin duda, aunque fue y sigue siendo un vegetal muy poco apreciado, injustamente maltratado, diría yo, estamos hablando de una planta valiosísima de un valor histórico ecosistemático fundamental con gran potencial presente y futuro. Afortunadamente, hoy día se encuentra protegido, esperemos que sirva para crear consciencia. 

Las partes más bajas de este jardín (zona de bancales antiguos), lindan con una cañada espectacular, donde hoy existen numerosos almecinos formando un bosque natural con ejemplares casi centenarios, esto permite que, en estas partes de las fincas bajas, crezcan, cada día más, una buena cantidad dispersa de esta especie entre los frutales, generando una muy hermosa convivencia. Ojalá que vivan estos árboles por cientos de años más, ya que son muy longevos si se les permite estar. 

Además de esta zona comentada, el almecino se encuentra repoblado en muchas otras zonas de este jardín, contabilizando más de diez pies; buena parte de ellos, ya en estado adulto.